Que las instituciones funcionen

Jun 03

El día 2 de junio, el periódico El Mundo me solicitó un escrito sobre la abdicación del rey Juan Carlos I para su edición de ayer, que, finalmente, lo han publicado hoy. Aquí tenéis dicho artículo en mi blog, a vuestra disposición.

Hemos explicado en más de una ocasión que una democracia de calidad se caracteriza por tener unas instituciones que funcionan con normalidad, eso es, cumpliendo con sus objetivos y sus obligaciones. Y la Jefatura del Estado no es una excepción.

Cuando acabamos de conocer la voluntad del Rey de abdicar en su hijo el Príncipe Felipe, se impone que cada cual esté a la altura de su responsabilidad. Desde Unión Progreso y Democracia hemos hecho público nuestro reconocimiento a la figura del Rey Juan Carlos y a su innegable papel durante la Transición y para la consolidación de la democracia. Él supo entender los anhelos de la sociedad española que buscaba acabar con una etapa negra de nuestra historia y se puso del lado de los que queríamos construir una sociedad plural y democrática, unida en la diversidad e integrada en Europa. Con sus aciertos y errores, en un momento delicado de la historia de España, el Rey Juan Carlos cumplió con su obligación y hoy cabe reconocérselo.

A partir de este momento se abre un periodo en el que todos hemos de estar a la altura de nuestra responsabilidad. Cabe hacerlo con respeto a las normas y según las previsiones constitucionales, con absoluta normalidad y con plena transparencia. Desde nuestro partido ofrecemos la plena colaboración para que así sea.

Tenemos sobre la mesa la comunicación del Monarca, que expresa su deseo de abdicar. Les corresponde ahora a las Cortes poner en marcha los procedimientos previstos en los  artículo 57-5  y 61 de la Constitución, en lo atinente a la abdicación y a la proclamación del nuevo Rey.  Es una verdadera lástima que el artículo 57  (Ley Orgánica para regular los trámites de la abdicación) no se haya desarrollado a pesar de los 36 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución. Desde nuestro Grupo hemos venido pidiendo que se abordara con normalidad el desarrollo del Título II de la Constitución, en todo lo referente a la Jefatura del Estado, pero una vez más los temas se dejan pudrir hasta que no queda otro remedio y ha de hacerse impelidos por razones de pura y urgente necesidad…

Hoy estamos ante una nueva etapa, continuación de la que aún no ha finalizado formalmente aunque hace tiempo que estaba agotada. Le corresponde al nuevo Jefe del Estado estar a la altura de las nuevas circunstancias y de los nuevos anhelos de la sociedad española del Siglo XXI, bien distinta de aquella a la que su padre el Rey juró servir. Quien será Felipe VI no sólo representa una nueva generación; eso no es ningún mérito, simplemente ha nacido en otro momento. Lo que al futuro Rey le corresponde es encarnar las nuevas aspiraciones y respetar las nuevas exigencias de los españoles de hoy.  Unos ciudadanos  que nacieron o llegaron a su mayoría de edad en democracia –como él mismo- y que muestran un enorme y preocupante desapego por las instituciones que la representan. Si su padre supo ponerse del lado de quienes aspiraban a vivir en democracia, a él le corresponde trabajar codo a codo con aquellos que luchan para que las  instituciones sean más transparentes, más eficaces, más justas, más independientes de los poderes constituidos, más cercanas a los ciudadanos, más abiertas, más dignas.

En demasiadas ocasiones caemos en España en debates meramente nominalistas; el relacionado con la forma de la Jefatura el Estado es sin duda uno de los que con más frecuencia se presta a ese juego dialéctico. Aunque parezca una obviedad -y dado que apuntan tiempos turbulentos- quiero recordar que la forma del Estado no es tan importante: lo que importa es la calidad del sistema. Hay muchas repúblicas muy poco satisfactorias; y en Europa hay algunas monarquías  que son un modelo de democracia avanzada.  Lo que viene a confirmar que la forma del estado no garantiza nada, que lo importante es el buen funcionamiento de la democracia y de sus instituciones, desde la primera hasta la última. La solución de los  graves problemas de hoy, que requieren de una pronta y eficaz respuesta pues afectan a la vida cotidiana de millones de nuestros conciudadanos, no depende de si somos una república o una monarquía, aunque de todo ello se puede y se debe debatir. Eso sí, con respeto a las reglas de juego democrático.

Es conocido el compromiso de Unión Progreso y Democracia  con la transparencia de las instituciones y nuestra exigencia al respecto. Y  hemos insistido en muchas ocasiones en la necesidad de que la Monarquía española, en tanto que encarna la Jefatura del Estado, se someta a las máximas exigencias de una sociedad moderna y democrática del Siglo XXI. El momento presente es sin duda una gran oportunidad para que el nuevo Rey se comprometa firme y expresamente en esa dirección. La demanda de la sociedad es más democracia y democracia de más calidad. En este contexto, esperamos  que el futuro Rey, en tanto que Jefe del Estado,  sea garante no sólo de la unidad de la nación española sino de que la nación sea ejemplo de una democracia de calidad en la que se garantiza el imperio de la ley, la prensa libre, la independencia de la justicia, la separación de poderes, la justicia social y la libertad e igualdad de los ciudadanos.

Deseamos que la abdicación del Rey Juan Carlos I sea el último servicio de un Rey que fue determinante en la consolidación de la democracia. Y que su hijo, el aún Príncipe de Asturias, tenga el valor de encarar esta nueva etapa con pasión,  sentido de la responsabilidad y  mesura, atributos que para Max Weber son las características esenciales de un servidor público.

 

Rosa Díez.

Portavoz Unión Progreso y Democracia.

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