Los valores de Europa

Ene 22

A continuación transcribo la parte inicial de mi intervención de hoy en el pleno del Congreso de los Diputados, en relación con el último Consejo Europeo:

El Consejo que hoy estamos analizando fue el primero que se celebró tras el acuerdo de gobierno en Alemania; y eso se notó. También fue el último importante (el próximo de Atenas es de trámite, incluso oficialmente) que se va a celebrar antes de las elecciones al Parlamento Europeo; y eso, sin embargo, no se notó. Luego me pararé un poco en ambas consideraciones.

La cuestión es que se suceden tantas -y tan anodinas- reuniones del Consejo Europeo que sus conclusiones amarillean apenas han pasado unos días. Qué decir cuando el debate sobre sus conclusiones se produce –por razones justificadas, no lo niego- , cuando ha transcurrido un mes desde que finalizó la reunión de los Jefes de Gobierno y Estado. Las conclusiones han sido ya tan analizadas que no tiene mucho interés hacer un repaso detallado de las mismas. Más que nada porque lo que hagamos hoy no tendrá ninguna consecuencia práctica; cosa bien distinta sería si, como hemos pedido en anteriores ocasiones, el debate se hiciera en esta Cámara antes de que el Consejo se reuniera.

Estando así las cosas, nuestro grupo quiere aprovechar este trámite para señalar los retos que hemos de afrontar en Europa tras las elecciones del próximo mes de mayo. El nacionalismo de los estados, los populismos, la llegada al parlamento de partidos antieuropeos, xenófobos y secesionistas, sumado a la crisis económica y la falta de cuajo político de la Unión para defender la Europa política y social, son riesgos ante los que nuestro país – y por tanto nuestro Gobierno- ha de enfrentarse con firmeza. Pero antes de centrarme en esa cuestión, algunos apuntes de lo que ha sido el Consejo, de su repercusión en España y de cómo creemos que hay que aprovechar lo positivo y minimizar lo negativo de las conclusiones.

A pesar de que, como decía, los flashes ya se han apagado, de este último Consejo queda el recuerdo de la falta de pulso con que se abordó la política exterior y de seguridad de la Unión, así como las vacilaciones de los jefes de Estado y de Gobierno a la hora de avanzar en la integración de los mercados financieros, sobre todo para evitar la discriminación que sufren muchos empresarios en la obtención de créditos que hagan despegar la economía y promuevan la creación de empleo. Esa falta de integración, negativa para el conjunto de Europa, produce efectos indeseados en nuestro país, donde resulta clamorosa la desigualdad de las condiciones que afecta a los empresarios españoles, obligados a pagar un mayor tipo de interés para su financiación si se toma como comparación lo que ocurre en otros países europeos…

Texto de mi intervención completa en el Congreso sobre el Consejo Europeo de diciembre de 2013

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