¡Vivan las primarias! (O de cómo se valida, o no, una buena idea)

Ene 17

Nuestro partido adoptó desde su nacimiento el método de primarias libres, abiertas y sin ningún tipo de aval para elegir a los números uno de las listas electorales y a sus órganos internos. Este procedimiento, único entre los partidos políticos españoles, nos ha llevado a celebrar casi cuatrocientos procesos a lo largo de nuestra corta vida. Así, centenares de compañeros se han podido postular –y lo han hecho- para todos los cargos, tanto orgánicos como políticos.

El proceso democrático conjuga, como todo el mundo sabe, dos derechos igualmente importantes: el derecho pasivo,-ser elegido en igualdad de condiciones-, y el derecho activo, elegir también en igualdad de condiciones. Por el número de afiliados que han pedido el voto a sus compañeros durante todos los procesos podemos concluir sin ninguna duda que el método de primarias ha sido ampliamente validado por nuestros afiliados en el aspecto pasivo: centenares de ellos han mostrado un gran interés en ser elegidos; el hecho de que haya más de cuarenta candidatos para encabezar la lista de las europeas no es sino el último ejemplo.

Cosa bien distinta ha ocurrido a la hora de ejercer nuestro derecho activo, pues la participación de los afiliados -salvo excepciones no significativas- ha estado siempre muy por debajo del nivel deseable; los derechos se defienden ejerciéndolos; y la verdad es que en nuestro partido el derecho activo a votar y elegir a nuestros representantes lo ejercemos bastante poco. Eso nos debe obligar a hacer una reflexión, no sólo sobre las causas sino también sobre los efectos.

Cuando reflexiono sobre las causas de la baja participación suelo escuchar explicaciones de este tenor: “ es que confiamos en vosotros” …; “como está claro y no hay riesgo…”; “como nadie cuestiona lo esencial y no va a pasar nada….” Ese tipo de “razonamientos” lleva a muchos de nuestros afiliados a adoptar el mismo comportamiento que reprochamos a los ciudadanos en las elecciones políticas: dejar nuestra decisión en manos de aquellos que sí que tienen claro lo que quieren (aunque puede que no coincida con lo que nosotros quisiéramos) o, lo que es más peligroso, a dejar el resultado en manos de quienes utilizan los procesos electorales para ejercer el voto en contra.

Esto no debe escandalizarnos, porque el partido no deja de ser parte de la sociedad en la que vivimos y tenemos, por tanto, las mismas virtudes y, desgraciadamente, también los mismos vicios. No debe escandalizarnos pero sí debe obligarnos a reaccionar para demostrar, en la práctica, que se puede y se debe hacer política de otra manera; y que esta reflexión y este compromiso es de aplicación para lo que hacemos en las instituciones y también para lo que hacemos dentro del partido.

Ciertamente, ningún afiliado está estatutariamente obligado a participar activamente y elegir a sus representantes; pero sí está obligado a pensar sobre las consecuencias políticas de sus actos. Y a todos se nos ocurre que no es un buen comienzo que aquellos que hablarán en nuestro nombre para pedir un voto de confianza a los ciudadanos no salgan suficientemente reforzados del proceso interno.

La democracia es cosa seria; cuando se ejerce internamente, también. No es momento ni de frivolidades ni de pasotismo. Los ciudadanos nos están mirando y debemos dar una respuesta a la altura de las necesidades del país.

Las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán el 25 de mayo no son un trámite. El futuro de Europa va a depender en muy buena medida del Parlamento que nazca de las urnas. El modelo social europeo en modo alguno está garantizado; y conviene recordar que los peligros que nos acechan no son sólo consecuencia de la crisis económica sino que ésta ha servido de catalizador para que afloren los enemigos de siempre de la Europa política que soñaron sus fundadores: el nacionalismo y el populismo.

Mañana tenemos la oportunidad de demostrar que lo que exigimos fuera lo cumplimos dentro; que somos serios y rigurosos y que para nosotros las primarias no son un trámite orgánico o interno sino un procedimiento para elegir a quien mejor pueda defender desde las instituciones los intereses y los derechos del conjunto de los ciudadanos. Por eso quiero pediros a todos los afiliados y simpatizantes de UPyD que ejerzáis no sólo vuestro derecho sino también vuestro deber de elegir. Os pido que lo hagáis masiva y positivamente, sin olvidar que somos un instrumento al servicio de los ciudadanos; nada más, pero tampoco nada menos.

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