LO IMPORTANTE SE ESCRIBE EN LETRA PEQUEÑA

Oct 02

Muy pequeña;  pero termina sabiéndose: el PNV pactó con Rubalcaba algo más que una tregua presupuestaria; pactó la implicación del PNV en el pacto/negociación, con/para, terminar/acordar el final con ETA.

Lo explicó ayer Josu Erkoreka en la Vanguardia:  “Queremos pactar el escenario del fin de ETA” –. El escenario del fin de ETA no es la derrota de la banda a manos de la democracia. “El escenario del fin de ETA” es el final dialogado, el objetivo perseguido por lo que la banda terrorista, el objetivo por el que lleva toda su vida asesinando a los defensores de las libertades y del Estado de Derecho.

El escenario del fin de ETA es la letra pequeña del pacto presupuestario. Rubalcaba no sólo ha acordado con el PNV que le pagará al PNV 472 millones de euros con cargo al presupuesto de los parados españoles para que le dejen a Zapatero seguir viviendo en la Moncloa sino que les ha regalado un papel de interlocutor preferente en las negociaciones políticas que llevan a cabo los delegados del Gobierno de la Nación, encabezados por Jesús Eguiguren, para pastelear un final dialogado con los terroristas.

Es lo que tiene la letra pequeña: que muy pocos la leen antes de firmar el contrato pero que al final, cuando hay que aplicarlo, el que lo escribió te obliga a enterarte de todas sus claúsulas y todas sus consecuencias. Mi dirán ustedes que seguro que Rubalcaba se sabía la letra pequeña; claro: no sólo se la sabía sino que él mismo había eligió el tamaño y el contraste  para hacer el texto lo más ineligible posible. Erkoreka y él redactaron el papel sabiendo que el inquilino de la Moncloa solo leería el párrafo final: se prorroga el alquiler por un año más. El inquilino ya habría hecho saber a su testaferro que “lo importante es la foto”, y que “sea como sea” tenía que conseguir mantener el palacete en sus manos. Y como el que negociaba con el casero sabe que al inquilino esas menudencias de la letra pequeña, el gato encerrado, no le importan nada, pues escribió los folios, ordenó las páginas, y selló el acuerdo.

Por eso los nacionalistas vascos están tan contentos. De hecho, las únicas sonrisas sinceras que se ven en los corrillos del Congreso de los Diputados cuando se juntan con los socialistas son las de los seis diputados nacionalistas; lo de los demás es pura mueca.

Menudo papelón el del Gobierno Vasco de Patxi López. No sólo le negocian las transferencias con los criterios contrarios a los que él ha sostenido sino que le quitan la única bandera de la que podía presumir en su anodino mandato: la lucha contra ETA. Ahora resulta que eso también lo va a liderar el PNV. Ahora resulta que el Consejero del Interior va a ser el remedo de Rubalcaba en el País Vasco: de lunes a jueves detenemos comandos y hacemos homenajes a las víctimas y los fines de semana negociamos con los victimarios como arreglamos la cosa para que esto termine en empate. Que tu mano derecha no se entere de lo que hace tu mano izquierda; vamos, que se entere pero que haga como que no se ha enterado. Y, mientras tanto, a seguir despistando al personal.

Igual al Gobierno llamado de España no le ha gustado mucho este gesto de sinceridad de Erkoreka en el que cuenta el contenido de la letra pequeña del contrato: lo que negociaron y  nunca nos explicaron. Pero quizá tampoco les importe mucho: cuentan con la desmemoria colectiva. Cuentan con la desmemoria de los ciudadanos, con el desapego hacia todos los discursos de los políticos. Cuentan con que, inmersos en el drama del paro y de los problemas económicos, estas cosas: ceder ante el terror, vender la libertad, burlar la dignidad de las víctimas, hipotecar el futuro, ceder ante el chantaje, pagar por la paz (“No es recomendable pagar por la paz; quien la ha vendido se encuentra en mejores condiciones para volvernos a hacer pagar por ella”, Montesquieu), nos pasen desapercibidas.

A lo peor tienen razón los dueños de lo oscuro y la gente pasa. Pero no será porque nosotros no vayamos a hacer lo posible para desmontar la mascarada.

Quiero creer que hay suficiente gente digna en este país como para que permitamos a los chamarileros de la política chalanear con los valores fundamentales como si se tratara de abalorios y cuentas de colores. Quiero creer que esta batalla la vamos a ganar nosotros para que no la tengan que librar nuestros hijos. Pero lo que si os puedo asegurar es  que librarla la vamos a librar. Os doy mi palabra.

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