LA VERGÜENZA NACIONAL

Ago 25

Ayer escribí de urgencia (en el Ipad, mientras viajaba de Madrid a Bilbao) una breve crónica sobre lo que fue la reunión de la Diputación Permanente en la que analizamos las varias peticiones de comparecencias urgentes de Ministros, entre otras la del Ministro Moratinos para que explicara los sucesos ocurridos desde el 16 de julio en la frontera de Marruecos con España en la ciudad de Melilla.

Hoy (ayer para quienes lean este blog el día de su publicación) he leído  la información referida a la visita de Rubalcaba a Marruecos y su entrevista con su homólogo de Interior y con el Rey Mohamed VI. Todo ello me parece una burla, una vergüenza. Gracias a las distintas crónicas sabemos, según  El País que :»Madrid y Rabat cierran la crisis con la creación de comisarías conjuntas». ¿La crisis? ¿Qué crisis? ¿No dijo Moratinos el 19 de agosto que:  «No ha habido ni conflicto, ni eventual conflicto ni crisis bilateral»?

La segunda «información» para el sonrojo es la manifestación de ambos gobiernos de que (también el País): «gracias a los incidentes han reforzado la colaboración». ¿Quiere esto decir que de ahora en adelante vamos a dejar que nos insulten, nos vapuleen, amenacen nuestra soberanía, boicoteen nuestras fronteras, burlen a nuestras agentes…, para «reforzar la colaboración»?

No ha habido conflicto, nos dijo Moratinos. No ha habido crisis, nos dijo el PSOE en Diputación Permanente. Hemos tratado de «agitar la crisis de Melilla», nos dijo el País en su edición del martes, si bien le «concedió» ese mérito únicamente al PP (ya he mandado una carta de protesta al Director del citado diario, por ocultar en su crónica el hecho de que UPyD fuera uno de los partidos que pidió la comparecencia de Moratinos). No ha pasado nada entre Marruecos y España, salvo que nos la hemos (bueno, se la ha ) envainado (el Gobierno)  otra vez ante la provocación de un vecino que ni siquiera tiene ciudadanos porque trata a todos los marroquíes como a súbditos.

Tenemos un gobierno que confunde la sumisión con la diplomacia, que confunde la propaganda con la política, que niega la evidencia, que se burla de los españoles haciéndonos confesar con ruedas de molinos, que no defiende a nuestras  agentes en la frontera, es una vergüenza. Una vergüenza nacional y un mal ejemplo internacional. Un gobierno débil, que vulnera las leyes y las sentencias de los tribunales (léase el Pase Foral de Zapatero), es un Gobierno que no defiende los intereses de los ciudadanos y que genera incertidumbre no sólo política sino también económica. ¿Quien va a invertir en un país en el que no están claras las reglas del juego?

Tenemos un Gobierno que no nos merecemos. O quizá si. Al fin y al cabo, nosotros, la mayoría de los españoles, somos responsables de que estén ahí. En la legislatura pasada traicionaron a la democracia ofreciendo  cuestiones políticas con ETA y no pasó nada: les volvieron a votar. En esta están consumando la traición y la ruptura del Estado, vulnerando las leyes y las sentencias, rompiendo la unidad judicial, vulnerando la independencia de los jueces, y cabe que no pase nada. ¿Qué tiene que ocurrir para que espabilemos? Lo que está haciendo Zapatero es muy grave. Su decisión de no acatar la sentencia del TC para que Montilla (o el nacionalista de turno) tenga jueces a sus órdenes es mucho más grave que una cuestión de inconstitucionalidad formal. No se trata de vulnerar el rango institucional de quien ostenta  la competencia según la Constitución. Se trata de algo mucho más básico, mucho más elemental en términos democráticos: los ciudadanos tenemos derecho a un juez independiente. Si ese derecho se conculca, no hay democracia. Ni de la formal ni de la real. Y ese es el camino, la hoja de ruta, que se ha marcado Zapatero.

¿Que qué tiene que ver esto último con los de Melilla? Pues mucho: todo es, al fin y al cabo, una forma de vulnerar las leyes y debilitar al Estado. Una nación no es un estado de ánimo; la nación es el sujeto de soberanía. Y cuando el Gobierno renuncia a defender la soberanía nacional (ya sea por cesiones a un Gobierno como el de Marruecos, a una organización terrorista nacional o internacional, a un gobierno nacionalista) renuncia a defender la igualdad de todos los españoles. Esa es la cuestión. Y ese es el drama.

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