LAS ELECCIONES “SECUNDARIAS” DEL PSOE DE MADRID.

Ago 16

Conozco poco a Tomás Gómez.

No hemos coincidido en ninguna institución política ni en ningún órgano del PSOE, en la época en la que yo aún estaba afiliada a ese partido. Hace meses, cuando coincidimos en un programa en Tele 5, él me recordó un mitin que habíamos dado juntos en Parla, siendo él candidato a la Alcaldía y yo al Parlamento Europeo. O sea que mi opinión sobre Tomás Gómez está basada en su trayectoria pública de estos últimos años, particularmente la que ha tenido al frente del Partido Socialista en Madrid: apenas se nada sobre él y su opción política, más allá de que es adversario feroz de Esperanza Aguirre.

Dicho esto, personas que lo conocen bien y cuyo criterio valoro siempre me han dicho que es un hombre hecho a sí mismo, concienzudo, trabajador, honesto… y previsible.  Tomás Gómez ha dicho que apoya a Zapatero “lo que no significa apoyarme en él”. Está bien traída la frase y es, al menos desde la perspectiva histórica, fiel a la realidad. Zapatero lo apoyó para sustituir a Simancas; pero no lo conocía. Tomás Gómez ya era por entonces Alcalde de Parla; y llegó a ostentar esa responsabilidad por méritos propios: ganando la confianza de sus compañeros primero y la de los ciudadanos después. Zapatero no puso a Tomás Gómez en la lista de “alcaldables” del PSOE, no le cooptó. Por eso Tomás Gómez puede hoy actuar con autonomía frente a los designios/deseos de Zapatero.

Conozco algo más a Trinidad Jiménez. Aunque tampoco he compartido institución ni órgano de dirección partidaria con ella, Trinidad trabajaba con Raimon Obiols en la Secretaría de Internacional cuando en el año 1999 yo encabecé la candidatura del PSOE/Progresistas  para el Parlamento Europeo; y esa situación la llevó a trabajara conmigo en algunas cuestiones europeas hasta que en el año 2000  presenté mi candidatura a la Secretaría General del PSOE.

Por entonces Trini acompañaba como funcionaria del PSOE a Felipe González en sus numerosos viajes internacionales, lo que le permitió tener una magnífica relación con él. Por eso cuando Felipe González empezó a ver que el PSOE apostaba por el cambio (no por Bono), pensó que había que buscar a alguien que a su juicio lo representara. El stablishment del Partido Socialista, –que había apostado por el mantenimiento del stablishment tras la dimisión de Almunia y el descarte (forzado) de Borrell–, se puso a buscar el recambio. Y González le encargó a Trini que fuera viendo a los jóvenes diputados que se estaban reuniendo y desde el que estaban haciendo propuestas de acercamiento a Bono y a mí misma. Paralelamente encargó lo mismo a Solchaga, que “examinó” adecuadamente a un grupito de ellos, entre los que se encontraban el propio Zapatero, Jordi Sevilla y Jesús Caldera.

Solchaga le dijo a González que tenían “buena pinta”, y que como había que elegir un candidato a Presidente no para el 2004 sino para el 2008 que les iba a dar tiempo (a los viejos) a prepararles. Y González encargó entonces a Trini que eligiera. Ella lo contó poco después de haber ganado aquel congreso del 2000 en una entrevista en el “colorín” de El País. Claro que no dio todos estos antecedentes, pero explicó cómo en su pequeño apartamento, tomando un café con leche con croissants, eligió a Zapatero de entre todos los del Grupo Nueva Vía (primero llamados los “jóvenes turcos” y más tarde el “grupo de la Trini”). Esa “ingenuidad” le costó a Trinidad Jiménez que su llegada a un Ministerio con la categoría de Ministra se retrasara durante cinco años.

Trini ha demostrado una fidelidad sin fisuras a Zapatero, a quien aupó a la Secretaria General. Y ha trabajado con tesón en todos los encargos que le ha hecho el ya Presidente. Pasó de ser la número dos de aquella primera ejecutiva de Zapatero a ir descendiendo en el escalafón hasta ser “desterrada” como candidata a la alcaldía de Madrid. Por cierto, que a la gente parece habérsele olvidado que ya en aquella ocasión el Partido de los Verdes Europeos intentó entrar en Madrid a través de su entonces candidato José María Mendiluce; y que el resultado fue el que todos conocemos: nada.

Decía que conozco un poco más Trinidad Jiménez que a Tomás Gómez. Desde el poco conocimiento a ambos he de decir que  este último tiene a su favor no haber llegado nunca a ninguno de losas responsabilidades que ha asumido cooptado por nadie. Y eso, en el Partido Socialista (y en los viejos partidos en general) es ya un gran mérito indudable. Pero lo que quiero plantear en este artículo de hoy no es quien es el “mejor” candidato del PSOE; ni nos corresponde hacerlo ni nos importa: ambos son el PSOE. Y ninguno de ellos es conocido por oponerse a ninguna de las políticas más nefastas para este país que su partido ha protagonizado en los últimos años, desde la ruptura de todos los consensos básicos, empezando por el modelo territorial del Estado a la Política Antiterrorista.  Ambos dos siempre han estado al lado de Zapatero, haciendo mutis por el foro o apoyando de forma entusiasta sus desatinos.

Ni a Jiménez ni a Gómez se le conoce opinión discrepante sobre la política económica ejecutada por su jefe Zapatero. Ni la una ni el otro han dicho ni pío cuando Zapatero ha decidido romper el Pacto de Toledo, bajando de forma unilateral las pensiones a los jubilados; ni el uno ni la otra han  opinado nada en contra de las duplicidades del sistema público de salud, ese ha expulsa ciudadanos de la red, que hace que existan diecisiete calendarios de vacunas, diecisiete tarjetas sanitarias que dificultan la atención según te mueves por España, diecisiete derechos básicos a la salud difrentent6es según en que parte de España vivas o trabajes…

Ninguno de los dos ha alzado la voz contra la imposición de las lenguas co-oficiales en perjuicio de la lengua común; ninguno de los dos ha denunciado la vulneración del derecho a elegir que sufren los padres que no pueden educar a sus hijos en la lengua materna cuando esta es el castellano o español; ninguno de los dos ha denunciado que los Estatutos llamados de segunda generación son modificaciones de la Constitución por la puerta de atrás, intolerables en una democracia porque establecen diferentes niveles de ciudadanía en función del lugar de residencia; ninguno de los dos ha denunciado la politización de la Justicia; o de los órganos de dirección de las Cajas de Ahorro. Ninguno de los dos quiere acabar con las duplicidades  del conjunto de administraciones públicas, con el despilfarro, la ineficiencia y el derroche que eso representa. A ninguno se le ha escuchado pedir que se cumplan las leyes en todos sus extremos y se disuelvan los Ayuntamientos gobernados por ANV/Batasuna/ETA; a ninguno de ellos se le ha escuchado oposición alguna a un sistema electoral profundamente injusto que devalúa el voto de los ciudadanos siempre que estos no apoyen a los nacionalistas o a PP o PSOE.

Esa sería mi primera conclusión: no nos engañemos porque ambos defienden y aplicarán obedientemente la política del PSOE. Una llega a la confrontación electoral interna por cooptación de Zapatero, como pago por los servicios prestados y como reconocimiento a una buena imagen de marca joven y amable (la gente no recuerda que alguna de las leyes más sectaria, regresiva, insegura e injusta de esta Legislatura, la que regula el Aborto, es de su directa y absoluta responsabilidad); el otro llega porque se ha negado a claudicar; porque es el Secretario General del Partido Socialista en Madrid y porque cree tener ( y tiene) el derecho a ser revalidado como candidato por todos sus compañeros. Pero no nos engañemos: esto no son primarias. En las elecciones primarias los candidatos no son designados por el jefe ni defendidos o apoyados por aparato ninguno. Cuando eso ocurre, se pervierte el propio sistema; y pasan a ser elecciones al viejo estilo, sólo que disimulando.

Así que esa sería mi segunda conclusión: esto no son elecciones primarias, sino “secundarias”. El Jefe ya eligió por todos; pero  como “el indio” no se dejó, pues decidieron montar el numerito. Y todo el aparato trabajando a tope a favor de la designada. Y toda la dirección de Madrid, y sus cuadros intermedios, procurando salvarse de la quema. ¿Y los ciudadanos? Qué más da, eso no toca. Al fin y al cabo, gane quien gane la pugna interna (el aparato del PSOE nunca ha perdido unas primarias; no las ganó con Borrell y ya sabemos todos cómo acabó el asunto), se hará la política que marque Zapatero. O sea, nada de lo que importa a los ciudadanos cambiará. Que no se nos olvide explicar todas estas cosas.

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