EN HONOR A LA VERDAD.

Ago 05

A las ocho y cuarto de la mañana, cuando estamos a punto de salir de la habitación del hotel de vacaciones para desayunar, suena el teléfono. Leo un nombre en la pantalla: Maite. Pulso la tecla y escucho su voz que me dice, cantarina:

-“ Hola Rosa, ¿Dónde estás?”.

– “Pues en Cádiz…”.

– “Entonces, no sabes nada, ¿no?

– “No…, ¿Qué pasa?”

– “Que han detenido al asesino de Joseba…en Hernani…Espera, que te paso a Titi…”

De esa manera el día tres de agosto de año 2010 se convirtió en un gran día.

Luego vendrían las llamadas a los más cercanos, a esos a los que una busca cuando quiera llorar o reír en compañía. Vendría la alegría, la emoción, el recuerdo. Y la música, esa música que desde el día del asesinato de Joseba, suene donde suene, lleva su nombre:”Los delirios del Pirata”, de Suburbano, con la colaboración especial de Imanol que le puso voz a “Adiós a las penas de Abril”, la canción que sonó en Andoaín en el acto cívico con el que Basta Ya y la familia y amigos de Joseba rendimos homenaje a su vida.

Más tarde empezaron a llegar las informaciones; y las versiones. Empecé a escuchar por la radio una historia de Joseba que me resultaba o incompleta o tergiversada. Se que la memoria es frágil; y que tenemos la obligación de documentar los acontecimientos importantes para que se recuerden tal y como ocurrieron, no sólo por ser fieles a la historia sino, sobre todo, para entender el presente y evitar males mayores en el futuro. Por eso, en honor a la verdad, quiero volver a reivindica la vida y la historia de Joseba Pagazaurtundúa.

Recuerdo perfectamente todo lo ocurrido en aquellos días que siguieron al atentado contra Joseba. Recuerdo al policía nacional que me explicó cómo conoció a Joseba cuando fue trasladado “al norte”; como éste le acogió en su casa; como Pilar les daba de comer junto a otros policías o guardias civiles que hacían trabajo de información…  “Rosa, él nos acogió, nos trató como a compañeros, nos ayudó… Nos hizo mejores”.

Recuerdo la misma tarde del día de atentado, mientras Joseba agonizaba, una sesión extraordinaria del Ayuntamiento en la que el equipo de gobierno (Batasuna, PNV, y EA se negaron a condenar el asesinato del que fuera uno de sus empleados, el Jefe de la Policía Municipal. Recuerdo que les llamamos asesinos.

Recuerdo que después salimos a la calle y nos dirigimos en manifestación hasta el lugar en el que Joseba había sido asesinado. Recuerdo que mientras íbamos hacia allá nos llamaron del hospital para decirnos que Joseba había fallecido.

Recuerdo que volvimos al hospital y que ayudamos a Maite y Titi a preparar todo para llevarlo al tanatorio. Recuerdo que los socialistas ofrecieron la Casa del Pueblo. Recuerdo que la familia dijo que no. Recuerdo que la familia hizo un comunicado anunciando la hora y el lugar en el que estaría el cadáver de Joseba antes de ser incinerado y pidiendo expresamente a los partidos del Pacto de Lizarra y a los dirigentes del Gobierno Vasco que lo suscribieron y lo mantuvieron que se abstuvieran de asistir. Recuerdo que Maite me pidió que llamara a José Antonio Ardanza y a Joseba Arregui y les dijera que ellos serían bien venidos.

Recuerdo el homenaje que organizamos en la Plaza del Pueblo de Andoaín, frente al Ayuntamiento. Sobre el escenario Ignacio Latierro, Maite y yo. En la plaza algunos centenares de amigos, entre ellos Carlos Martínez Gorriarán, Juan Luís Fabo, María San Gil, Olivia Bandrés, José Mari Alemán Amundaráin, José Ignacio Eguiguren Madrazo, Mikel Iriondo, Javier Mina, Manu Aguirre, José Antonio Maturana, Tomás Tueros…Y los dirigentes políticos del PSOE y del PP del País Vasco, Patxi López y Jaime Mayor Oreja.

En aquel pequeño escenario denuncié a los culpables y a los responsables del asesinato de Joseba. Maite denunció a los hombres con corazón de hielo, aquellos que habían mandado a Joseba al matadero negándose a mantenerlo en comisión de servicios en Álava. Recuerdo que  sonaron la Internacional, el Himno Nacional, la Marcha Fúnebre de la Guardia Civil y Adiós a las penas de abril. Y ondearon dos insólitas (en aquella plaza) banderas: la bandera de España y una bandera pirata que trajo de su casa Sara, la mujer de Fernando Savater.

Hombres acostumbrados al sufrimiento y al miedo lloraron de emoción en aquella plaza de un pueblo ocupado por la cobardía y la maldad, un pueblo prohibido para los hombres libres. Recuerdo que éramos conscientes de que los malos nos estaban escuchando, mirando, fotografiando, tomando nota de nuestras caras… Recuerdo que, por primera vez, sentí emoción al escuchar el himno nacional y ver ondear la bandera de España. Aquel día, durante unas horas, Andoaín fue territorio constitucional.

Recuerdo que dos días más tarde fuimos a concentrarnos delante de Ajuria Enea, la residencia del Lehendakari. Con una pancarta y un grito: “ETA culpable, Gobierno Vasco responsable”. Fue la primera vez que esa verdad, solemne como un templo, se dijo en voz alta en las calles de Euskadi.

Recuerdo que el Partido Socialista convocó una manifestación en Andoaín para esa misma tarde. Recuerdo que Ares me llamó para pedirme que desconvocáramos lo de Ajuria Enea y  Basta Ya se sumara a la manifestación. Le contesté que no podíamos hacerlo, que había llegado la hora de dejar de llorar para lanzar un mensaje político en el lugar en el que estaban los responsables políticos del asesinato de Joseba.

Pilar Ruiz Albisu ha sido desde entonces nuestra guía y nuestra conciencia. Esta mujer brava, esta madre coraje a la que se le puso el pelo blanco en esos fatídicos días en que quedó huérfana de hijo, tuvo que salir para plantarle cara a Arzalluz: “No ha nacido hombre que me haga callar”.

Recuerdo que semanas más tarde se encontró en la calle con el Obispo Setién, ese prelado que siempre estuvo más cerca de los verdugos que de las víctimas. Ella cruzó de acera para dirigirse a él y se presentó: “Soy Pilar Ruiz, la madre de Joseba Pagazaurtundúa”.  Él se apresuró a componer un gesto amable y quiso decir algo, pero  ella le cortó en seco: “No,  sólo quería decirle que si Dios existe Jesucristo bajará del cielo y les echará a los hombres como usted del templo, por fariseos”.

Han transcurrido siete años. Y cada ocho de febrero le hemos hecho un homenaje a la vida y memoria de Joseba. Hasta el año pasado Pilar asistía y hablaba cobijada en la escultura que hizo Agustín Ibarrola a un costado del Ayuntamiento de Andoaín y que se conoce como “La casa de Joseba”.

Recuerdo que en el año 2005 se dirigió a Patxi López, allí presente, recriminándole   lo que el Partido Socialista  estaba haciendo con ETA.

Recuerdo que un año más tarde tuvo que volver a acusar a  los socialistas por la traición a los muertos que estaban perpetrando. “A mi hijo no le mataron para esto…”

Recuerdo que un día de junio de 2006 Pilar oyó por la radio que en un hotel de San Sebastián se habían reunido para “hablar y mirarse a los ojos “(López dixit), Patxi López y Rodolfo Ares con Arnaldo Otegui, Rufi Etxeberría y otra dirigente etarra. Se puso una chaqueta sobre la ropa que tenía en casa y sin quitarse las zapatillas (ella, siempre tan arreglada, tan cuidadosa de su aspecto), sin pensárselo dos veces, allí se dirigió. Y allí, a las puertas de hotel, volvió a proclamar su indignación y su dolor; allí volvió a acusar de traición a los dirigentes del Partido Socialista de Euskadi.

Recuerdo a Pilar enseñándonos fotos de su juventud, de sus niños cuando eran pequeños, de su boda, de sus padres, de sus nietos. Del chico de la peca, Joseba, que siempre sonreía… La recuerdo apacible, manteniendo el ánimo, manteniendo vivo a su hijo en su memoria.

Y el martes, también este martes tres de agosto la recuerdo. “Hija, sólo he podido decir gracias, gracias, gracias… cuando me han llamado. No me salían otras palabras…. Hay, qué descanso…”

– “Dice Tere que ha ayer escucharon la música de Imanol…”

– “Nosotros pusimos canciones piratas…”

– “Ay, esa canción es para mí como una oración…. le gustaba tanto…”

– Pilar, te prometo que nunca olvidaremos quien fue tu hijo. Nunca olvidaremos por qué le mataron, quien lo hizo, quien les ayudó, quien quiso que olvidáramos, quien miró para otra parte, quien defiende el “borrón y cuenta nueva”, quien  quiere regalar impunidad a sus asesinos. Nunca olvidaremos; por amor y por justicia. Y también por necesidad. Porque quienes hemos vivido la historia de la resistencia democrática ante el nacionalismo obligatorio y ante el fanatismo de ETA sabemos que estamos donde estamos porque nos atrevimos a decir Basta Ya, porque nos atrevimos a decir no, porque nos atrevimos a señalar a los culpables y a los responsables. Nunca olvidaremos a Joseba.  Y cada vez que alguien nos hable de perdón le diremos que eso no está en la agenda política; que en la agenda política, en esa que Joseba llevaba a rajatabla, está la palabra justicia.

Pero hay una palabra que me recuerda siempre a Joseba;  su hermana la pronunció al final de ese acto de Andoaín en el que fuimos un poco más libres. Y todos la gritamos con ella: ¡¡VIVA LA LIBERTAD!!

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