ESTAREMOS VIGILIANTES Y SEREMOS EXIGENTES

Jul 03

También lo haremos en relación con las consecuencias políticas del fallo del TC sobre el Estatuto de Cataluña.

En toda nuestra acción política hemos rotos moldes y tabúes; hemos dicho lo que pensamos en todos los foros y lo hemos hecho con argumentos, calificando las políticas y sin descalificar nunca a las personas que las llevan a cabo. Hemos dicho hace nada –cuando se ha demostrado que el PSOE y el Gobierno estaban nuevamente coqueteando políticamente con ETA–, que estaremos vigilantes para evitar el atropello democrático y que Zapatero vuelva a las andadas.

Y hoy tenemos que proclamar que estaremos vigilantes y seremos exigentes para evitar que Zapatero vuelva a las andadas y pacte con los nacionalistas catalanes, con sus compañeros del PSC y con el gobierno nacionalista tripartito de Cataluña un método para vulnerar la sentencia del Tribunal Constitucional.

Porque, no nos llamemos a engaño, justamente eso es lo que el Presidente Rodríguez Zapatero anunció el jueves en solemne comparecencia en la Moncloa: que iba a pactar con Montilla la superación de la sentencia del TC. Y para evitar que Zapatero vuelva a engañar a los ciudadanos hay que analizar sus palabras, a quien iban dirigidas, a qué embate respondían y, sobre todo, los antecedentes del personaje.

Hay que recordar los antecedentes de un personaje que nos metió en este lío de desestructuración del Estado de Derecho español por su frivolidad, su ausencia de límites y su falta de rigor político.

Los antecedentes de un personaje que anunció en 2003, en un mitin Zaragoza, que si él llegaba a gobernar respetaría en su integridad el texto que se acordara en el Parlamento de Cataluña.

Los antecedentes de un personaje que, cuando ya estaba en Moncloa y sus compañeros del PSC habían renunciado a sacar adelante el Estatuto soberanista, llamó a Artur Mas y pactó con él el texto que después hemos conocido. Todo sea por capitanear esa “segunda transición” que tanto le encandiló y romper, de paso, todos los logros de la primera.

Hay que recordar los antecedentes de un personaje que ha seguido manteniendo durante estos cuatro años que no pasaba nada, que en Cataluña el Estatuto se estaba aplicando “con normalidad”, que eso demostraba que era plenamente constitucional… Como si la gente pudiera hacer otra cosa que protestar pacíficamente ante las leyes antidemocráticas (sí, antidemocráticas porque sus consecuencias son contrarias a la igualdad de derechos ante la ley de todos los catalanes) que iban aprobándose en el Parlamento catalán mientras esperábamos el fallo sobre la ley orgánica que tenía letra de estatuto pero alma de constitución.

Los antecedentes de este personaje nos hacen temer lo peor. No hay más que ver cómo ha reaccionado ante el reto al Estado lanzado por Montilla y sus cómplices: no contento con proclamar:“hemos conseguido el objetivo”, (¿Qué objetivo? ¿Romper la igualdad de derechos de todos los españoles? ¿Montar el lío padre en toda España? ¿Favorecer el victimismo en los partidos nacionalistas de Cataluña y el principio de asimilación del resto de  España?), no ha dicho ni una sola palabra sobre la llamada al desacato que protagonizan las instituciones catalanas y sus compañeros del PSC.

Por eso digo que, más allá del estudio pormenorizado de la sentencia y de lo que nos queda por conocer (los fundamentos jurídicos que afectan a los 27 artículos sometidos a interpretación, declarados por tanto parcialmente inconstitucionales) lo que ya es una evidencia es que el Presidente del Gobierno de España ha decidido sumarse al desacato contra el Tribunal Constitucional y sumarse, por tanto, a la mayor de las perversiones democráticas, la ruptura del respeto a la separación de poderes del Estado.

Zapatero ha decidido vulnerar el fallo del Constitucional a través de leyes orgánicas, por la puerta de atrás. Con una actitud más cobardona (por la puerta de atrás, él también) ha proclamado en Moncloa que va a hacer justamente lo que los socialistas y los nacionalistas catalanes han anunciado: despreciar la sentencia y seguir haciendo lo que les de la gana. O sea, comportarse como un país independiente… subvencionado por España.

Bueno, pues vamos a estar en frente. Y vamos a denunciar, donde podamos y por todos los medios, que tenemos al frente del Gobierno a un señor que ni cree en la nación española como garante de derechos de ciudadanía y como instrumento para garantizar la igualdad; ni cree en la separación de poderes; ni cree en el respeto a la ley y a la justicia, puesto que no está dispuesto a cumplir y a hacer cumplir las leyes y las sentencias de los tribunales.

Desde Unión Progreso y Democracia le exigiremos al Gobierno que no vulnere la sentencia con acuerdos sectarios y oscuros (como aquellos que dieron origen a este Estatuto). Y que utilice todos los instrumentos políticos y jurídicos que la Constitución pone en sus manos para que sean derogadas todas las leyes aprobadas por el Parlamento de Cataluña que desarrollan artículos declarados inconstitucionales o están sometidos a interpretación.

Estaremos vigilantes para evitar que vuelva a las andadas. Porque demostrado está que el Presidente del Gobierno de España, Rodríguez Zapatero, es como el escorpión del chiste y nunca desaprovecha una oportunidad para partir al país por la mitad ni para coquetear y ceder ante las presiones de los nacionalistas: le puede el carácter. O sea, le puede la falta de carácter para comportarse con sentido de Estado.

Qué mala suerte hemos tenido…

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