SI TE NOMBRAN, TE PROTEGEN.

Dic 13

AMINATOU 2_p

Estuve con Aminetu Haidar el miércoles y jueves pasado. Fuimos a Lanzarote a mostrarle nuestra solidaridad activa. A expresarle personalmente que ella es, como todos los saharauis, nuestra compatriota. Fuimos a acompañar durante unas horas a todos los voluntarios que le guardan y ayudan desde el mismo día en que llegó a la isla de expulsada de Marruecos y sin pasaporte que pudiera permitir su entrada legal a España.

Cuando entré al pequeño cuarto en el que pasa el día y la noche Aminetu estaba acostada; como casi todo el tiempo desde hace ya más de diez días. Me tomó de la mano, fuerte, y sonrió levemente. Con las manos entrelazadas hablamos de lo que representa su lucha; de su determinación para vencer en esta batalla en la que nos jugamos  el triunfo de la dignidad y  la primacía del derecho y de la ciudadanía sobre cualquier otra consideración de raza, tribu, religión o pensamiento político. Se mostró segura de que podemos torcer la mano al poderoso que amenaza e incumple las resoluciones del derecho internacional y desprecia con su actitud la Declaración Universal de Derechos Humanos.

A la pregunta sobre lo que podemos hacer para ayudarla en su lucha -que yo considero la de todos los hombres y mujeres de bien- contestó lo que viene diciendo desde el primer día: “Presionar a Marruecos”. Estoy plenamente de acuerdo. Ningún país es capaz de soportar las presiones internacionales continuadas; ningún país, ni siquiera aquel que no es una democracia, ni siquiera aquel que no tiene opinión pública, puede enfrentarse de forma continuada con las voces unánimes de los dirigentes del mundo civilizado. Ni siquiera un país como Marruecos puede soportar por mucho tiempo abrir los informativos de todo el mundo por su violación continuada de los Derechos Humanos. Porque el mundo es interdependiente; y ningún país puede ponerse al margen de los demás.

Después me habló de lo preocupada que estaba por su familia, por sus hijos, su pequeña sobrina de un año, su madre… Le pregunté si ella creía que una visita mía al Aaiún podía ser útil. Se le iluminó la cara; dijo que sería estupendo que pudiera hacerlo. E inmediatamente empezó a preocuparse por mí. “No te dejarán entrar…” “No te dejarán verlos…” “Te retendrán…”.  Le dije que no se preocupara, que soy una ciudadana española, una Diputada Nacional de un país de la UE…;  que si a ella le parecía positivo, ya nos encargaríamos de organizarlo.

A la salida lo hablé con los amigos del Pueblo Saharaui que le acompañan. A todos les pareció muy positivo y muy oportuno. Y empezamos a prepararlo. Aminetu escribió unas letras a sus hijos y su sobrinita, en el reverso de unas de esas cartulinas que llevan su foto, y me lo entregó el mismo miércoles en la tarde noche. Una cámara de un amigo saharaui lo grabó, mientras ella me contaba quien era quien de los destinatarios y traducía al español el texto escrito en francés. Me dijo que el mejor día sería el sábado, que los niños no tienen clase…

Bueno, pues ya estoy de viaje. Finalmente hemos podido conseguir que una compañía nos confirmara los pasajes desde Las Palmas a El Aaiún. No sabéis lo que nos ha costado: cancelaciones de reserva de última hora, billetes confirmados para el sábado que se esfuman, plazas que desaparecen para el domingo… Cuando escribo esto para su publicación en la mañana del domingo, todas las reservas están en orden. Parece que volaremos. Y que podremos ver a los hijos de Aminetu, a su madre, a su familia y hacerles llegar las palabras manuscritas de Aminetu.

Pero lo más importante es que Marruecos comprenda que la familia de Aminetu es intocable. Que les hemos nombrado; y que nombrándoles, les protegemos. Porque nada protege más de la tiranía que poner cara y voz a los perseguidos. Escuché esa proclama de labios de Huawa Ibrahim, abogada nigeriana y madre de dos hijos, comprometida con la defensa de las mujeres condenadas a muerte por lapidación en países islámicos y en especial en su natal Nigeria, mientras recogía el Premio Sajarov a los Derechos Humanos en el año 2005. Y me parece la mayor de las verdades.

Aminetu ha levantado una bandera, la bandera de la resistencia y de la dignidad. Es nuestro deber moral acompañarla y proteger a los suyos. Nombrarles es una de las mejores herramientas que tiene la comunidad internacional en sus manos. Por eso no dejaremos de hacerlo hasta que ganemos esta batalla.

Share