Conmigo que no cuenten

Dic 10

Me enteré de la detención de Aminatu Haidar el 14 de noviembre, en una cafetería de Madrid cercana al lugar en el que se iba a iniciar la marcha por la autodeterminación del pueblo saharaui. Entré a esperar a mis compañeros de UPyD y se me acercaron un par de amigos saharauis para advertirme de lo que había ocurrido. Así empezó aquella marcha: con Haidar retenida en El Aaiún y sin que tuviéramos idea de cómo iba a evolucionar la situación.

Poco podíamos imaginar entonces que España se iba a convertir en cómplice de los planes de Marruecos para expulsar a Aminatu de su territorio. Poco podíamos imaginar que Moratinos iba a ser protagonista de la rueda de prensa más vergonzosa de su historia, aquella en la que riñe desaforadamente a Aminatu por no aceptar la salida que le ofrece el Gobierno de España e insistir en defender pacíficamente los derechos del pueblo saharaui y el suyo a ser tratada como una ciudadana libre en un país libre y democrático.

La historia de Aminatu es la historia de un fracaso anunciado, el del Gobierno de España, siempre preocupado porque le quieran los que tienen capacidad para el chantaje. El precio que ha pagado España por mantener buenas relaciones con Marruecos ha sido para Zapatero, desde que llegó a la Secretaría General del PSOE, abandonar a su suerte al pueblo saharaui. Los sucesivos gobiernos españoles siempre fueron punta de lanza en Naciones Unidas a la hora de defender las resoluciones que declaraban que el Sáhara es un territorio al que le es de aplicación el derecho de autodeterminación, tal y como está recogido en Naciones Unidas. Sólo Timor Oriental ha conseguido que se le reconozca y aplique ese derecho. Y, para ello, fue preciso que Portugal abanderase sin denuedo esa causa. Lo que hizo España con el Sáhara hasta que llegó Zapatero.

Rodríguez Zapatero estuvo desde el principio mucho más a gusto con sus amigos marroquíes que con nuestros compatriotas saharauis. Por eso, éstos se quedaron sin nadie que defendiera sus derechos en los foros internacionales. Por ello, se pasó de exigir la aplicación de las resoluciones de Naciones Unidas, y de elaborar un censo para votar en el referéndum de autodeterminación, a intentar convencer a Marruecos de que consintiera una autonomía tutelada para el Sáhara.

Las consecuencias son conocidas: Marruecos se ha ido ensoberbeciendo y su comportamiento con los saharauis es cada vez más tirano y menos respetuoso con los Derechos Humanos. Y nadie denuncia sus excesos. España mira a otra parte y los demás países están ocupados en otros problemas.

Así hemos llegado al 13 de noviembre de 2009 en que Marruecos decide expulsar a Aminatu Haidar de su territorio y nuestro Gobierno acepta secuestrarla y traerla a la fuerza, sin documentación, con autorización política, a territorio español. Y aquí estamos, sin que al Gobierno se le ocurra otra cosa que buscar el apoyo de los grupos parlamentarios para presionar a Aminatu. Porque eso es lo que se pretende con esa Proposición No de Ley que nos ha enviado el PSOE: pasar la carga de la prueba a la activista saharaui. Advierto desde ahora mismo: conmigo, que no cuenten.

Nada más bochornoso que un gobierno democrático pretendiendo el apoyo parlamentario para presionar a una mujer que ha decidido arriesgar su vida en defensa de la dignidad y la libertad de sus conciudadanos. Nada más bochornoso que un ministro que busca una coartada para desviar la atención hacia la víctima, intentando que olvidemos quién es el victimario y quién el cómplice.

Unión Progreso y Democracia presentó en noviembre, antes de este incidente, una iniciativa pidiendo al Gobierno que defienda en Naciones Unidas el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y que exija a Marruecos el cumplimiento de los tratados internacionales. Eso es lo que defenderemos en el Congreso de los Diputados. Eso y que España aproveche la Presidencia Europea para suspender temporalmente el Estatuto Avanzado de que disfruta Marruecos con la UE. ¿O acaso tiene sentido que la UE dé ese trato privilegiado a un país que no respeta los Derechos Humanos?

En el caso de Aminatu se está vulnerando directamente la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Artículo 2.
• Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
• Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 9.
• Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 13.
• 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
• 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 15.
• 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
• 2. A nadie se privar arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 19.
• Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

¿No es suficiente para que España suspenda la Cumbre bilateral UE-Marruecos, prevista para el 7 y 8 de marzo en Granada? Ya es hora de que exijamos a nuestro Gobierno que se comporte como el de un país democrático que defiende los Derechos Humanos; de que le digamos que el enemigo no es Aminatu, sino quien ha violado sus derechos. Ella es nuestra compatriota y está batallando en nuestro nombre contra el totalitarismo y en defensa de la libertad. Aminatu se suma a la lucha de otras tantas mujeres que, a lo largo de nuestra joven historia democrática, nos enseñaron a no ceder en la defensa de la causa justa. Ella nos recuerda cada día que los resistentes tienen la última palabra. Acompañémosle en esa resistencia.

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