¿QUIEN DEFIENDE LA CONSTITUCIÓN?

Dic 08

mafaldaCoincidiendo con el 31 aniversario de la Constitución se han vuelto a escuchar diferentes voces de reconocimiento, aplauso o petición de reforma y/o mantenimiento inmutable de la Carta Magna. Nada nuevo bajo el sol. Ocurre cada año por estas fechas, con alguna modificación respecto de los protagonistas de los discursos. El año pasado, que era aniversario redondo, fue el Rey quien presidió los eventos y quien dijo las esperadas palabras de alabanza. Este año teníamos un ingrediente nuevo para el solaz y la felicitación de todos: el lehendakari socialista vasco se sumó a los actos. Y también acudió Montilla, el mismo presidente que cree que el Constitucional debe actuar pero sin llevar la contraria a lo que “desean” la mayoría de ciudadanos catalanes. Todo un ejemplo de respeto a la independencia del Alto Tribunal, si señor.

El lehendakari vasco aprovechó para cantar las bondades de esta Constitución, recordando que mucha gente ha sido perseguida y asesinada por defenderla. No está mal, sobre todo viniendo de alguien que hace cuatro días proponía modificar sus aspectos sustanciales porque había que conseguir que el nacionalismo vasco (al que mata y al otro) se sintiera integrado en ella. Pero no vamos a ponernos picajosos, que estamos de fiesta.

También destacó el evento por la ausencia de todos los Presidentes Autonómicos del PP. Seguro que es una coincidencia, pero el hecho  –raro– fue aprovechado por los asistentes socialistas (tampoco eran tantos, sólo cuatro, con clamorosas ausencias como Extremadura o Andalucía) para destacar la “incongruencia” constitucionalista del PP.

Bono ofició. Dijo lo que se esperaba: que la Constitución es flexible,– pero sólo hasta un punto– y que hay que respetar las reglas del juego y el árbitro. Lástima que el día que votaron en las Cortes el Estatuto de Autonomía de Cataluña se despistara un poco…

También intervino, vía artículo en El País, el mutante defensor de la Constitución, D. Gregorio Peces Barba. Este hombre que lo mismo vale para un roto que para un descosido; que lo mismo justifica el término “realidad nacional”, o la negociación con ETA (“hay que poner una luz en lo alto de la barricada”), que se vuelve Constitucionalista clásico y le riñe al Gobierno, a la prensa, a los ministros, a Zapatero… y a quien haga falta por seguir haciendo aquello que él acompañó y teorizó entusiásticamente durante los primeros años del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Luego,– o sea, ayer–, como cree que a lo mejor se ha pasado –porque su artículo ha sido re-publicado en El Mundo–, dispara contra todo aquel que lleva años defendiendo lo mismo que él hoy argumenta, (o sea, contra personas como nosotros) negándonos la autoridad porque en el pasado formé parte de gobiernos de coalición  “disfrutando como loca”, con el PNV… Justo los mismos “argumentos” que ha utilizado y utiliza la derecha más reaccionaria para descalificar mi posición política. Qué qué enorme falta de rigor y de verdad en las palabras del hopmbre otrora fiel a la argumentación y al respeto sólo le disculpo pensando que ha de tener muy mala conciencia para renegar de la verdad y caer en el insulto personal ante la ausencia de  argumentos.

Por supuesto, este padre de la patria usado por Zapatero para tapar cualquier estropicio, olvidó decir en su artículo y en las declaraciones posteriores que es su partido (no sólo la Ministra de Defensa, chivo expiatorio del presente para todos) el que le pide al Constitucional que no intervenga; que es su partido el que sacó adelante (con sus bendiciones) este Estatuto de Autonomía de Cataluña que marca el principio del fin de nuestra soberanía nacional; que es su partido, su portavoz parlamentario, su Ministro de Justicia, el que le echa la culpa de lo que está ocurriendo al PP por haberlo recurrido. Olvidó decir cosas importantes y dijo unas cuantas mentiras con pleno conocimiento de causa. Pero todo vale si se trata de reconstruir la verdad oficial; todo vale ahora para D. Gregorio, como valía cuando defendía la negociación con ETA o que Cataluña era una nación “cultural”. Ya entonces le pudo más el odio a la derecha española, su deséo de aniquilarla con la nueva estrategia de Zapatero de iniciar una segunda transición, que el sentido de la responsabilidad. En eso, no ha cambiado nada D. Gregorio: el sectarismo, el nacionalismo partidario,  se ha impuesto al sentido de Estado. Como siempre D. Gregorio, una de cal y otra de arena.

Y en estas estamos mientras se desmorona la España Constitucional. Porque la desvertebración de la Nación, en tanto que instrumento capaz de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, es un hecho innegable. Mientras no estemos dispuestos a asumir el deterioro producido por la aprobación irresponsable de Estatutos de Autonomía que persiguen imponer cambios constitucionales sin atenerse a lo previsto en la Carta Magna para su reforma, no haremos lo que tenemos que hacer para salvar la soberanía nacional y, por tanto, la igualdad.

Esto tiene difícil arreglo. Cuando los aparentemente más sensatos están más preocupados por salvar la cara al jefe o a la parroquia a la que pertenecen que por defender el interés común, la cosa no pinta nada bien. La situación actual no se arregla con maquillaje; los cambios constitucionales necesarios pasan por profundas reformas del Título Octavo y de la Ley Electoral. Hay que cerrar los techos competenciales, definir con claridad cuales son las competencias indelegables del Estado, modificar la composición del Constitucional y el sistema de elección de sus miembros… Necesitamos un estado central fuerte y unas CCAA con idénticas competencias que utilicen la descentralización para acercar las instituciones a los ciudadanos y para garantizar una mejor administración y una mayor calidad de vida. No necesitamos diecisiete contrapoderes regionales que conviertan a España en un país inviable, que rompan el mercado, que imposibiliten que el Estado cumpla con su obligación de garantizar la justicia, la igualdad y la libertad del conjunto de los españoles.

Pero esto son palabras mayores para el PP y para el PSOE. Y qué decir, para los grandes padres de la patria, como D. Gregorio. Ellos están más bien por ir tirando; por aparentar que se hace para no hacer nada. Mientras tanto se rompe la igualdad, se rompe la cohesión, se frena la competitividad, de destruye la unidad de mercado… Pero eso… qué importa. Seguiremos así, en el camino de bajada hacia el pozo, hasta el 32 aniversario. Y ese día volveremos hablar de las reformas necesarias; o de las que no son tanto… Y cada vez tendremos menos oportunidades de dirigir el proceso; y cada vez estará más cerca el día en el que el proceso se nos lleve por delante.

Mientras tanto este joven partido llamado Unión Progreso y Democracia seguirá siendo la voz crítica, la voz sensata, la voz revolucionaria. Sí, de esos revolucionarios que saben que lo más revolucionario es poder liderar el cambio sin esperar a que este se nos lleve por delante. Mientras los padres y los hijos de la patria institucional hacen cálculos y reparten culpas, nosotros seguiremos diciendo que la única manera de defender lo sustancial de la Constitución, sus artículos fundamentales, aquellos que no son negociables en ninguna constitución democrática del mundo, es revisarla sin miedo. Y quizá consigamos que el suficiente número de ciudadanos nos apoyen a tiempo para liderar ese cambio imprescindible. Sólo necesitamos la fuerza suficiente para condicionar al próximo gobierno. Si la tenemos, el 34 aniversario de la Constitución coincidirá con unas Cortes Constituyentes. Y entonces los constitucionalistas habremos ganado la batalla.

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