VUELTA A LAS ANDADAS.

Nov 08

El lehendakari, Patxi López, anunció el viernes que abrirá una ronda de contactos con todos los partidos políticos para analizar la posibilidad de lograr un acuerdo para modificar el Estatuto de Autonomía de Gernika desde un consenso «igual o superior» al que propició la aprobación del texto actual.

López respondió así en el pleno del Parlamento autonómico a una interpelación del representante de UPyD, Gorka Maneiro, para que aclarara si tiene intención de modificar el Estatuto, tras las referencias a este asunto incluidas en el programa electoral del PSE-EE.

En la misma línea de su discurso del pasado 25 de octubre, durante la conmemoración del 30 aniversario del Estatuto de Autonomía vasco, el lehendakari manifestó que las normas no se aprueban para mantenerse inmutables «para siempre», ya que «deben adaptarse a las nuevas realidades y necesidades de los ciudadanos».

Tras destacar la necesidad de «recuperar el consenso de 1979», cuando fue aprobado el estatuto actual, afirmó que los vascos «nunca estuvimos tan unidos como cuando decidimos el Estatuto». A su juicio, la superación de los principales problemas de Euskadi, incluido el terrorismo, requiere de la consecución de «una unión similar».

Tiene gracia la cosa; dice López que las normas no se aprueban para mantenerse inmutables «para siempre» y que se trata de recuperar el consenso… ¿El consenso? ¿Con quién? Los únicos que se han ido del consenso estatutario de 1979 son los nacionalistas. La prueba del nueve  de este Estatuto es que fue originariamente una propuesta de base nacionalista y que hoy es un punto de acuerdo de la inmensa mayoría de los vascos; un punto de acuerdo del que se van los nacionalistas institucionales (los otros no estuvieron nunca) porque ya no lo pueden reivindicar en clave de nacionalismo. Ese ha sido el éxito del Estatuto de Guernica; y, francamente, no encuentro ningún motivo para cambiarlo.

Ningún motivo en clave de país, naturalmente. En clave nacionalista, varios. Miren si no las reivindicaciones del Plan que le costaron las elecciones a Ibarretxe. Miedo me da que los socialistas vascos empiecen a recorrer esa senda; porque esta Estatuto no puede desarrollarse más en clave autonómica; sólo puede desarrollarse hacia la independencia. Y que nadie me saque a relucir lo de las transferencias pendientes; son de tan menor relevancia que los nacionalistas nunca las quisieron asumir, pendientes de acordar cuestiones que no están ni en la letra ni en el espíritu del estatuto ni de la Constitución, tales como la ruptura de la Caja de la Seguridad Social. La autonomía vasca es tan elevada que el siguiente paso es la independencia; aunque sea la independencia subvencionada por España, que es lo que siempre han pretendido los nacionalistas. ¿Se apuntará Patxi López a ese cuento? ¿Será parte del precio pactado por el apoyo a los Presupuestos? ¿Formará parte del «nuevo clima» de acercamiento entre socialistas y nacionalistas vascos?

Es verdaderamente dramático que con los problemas que tenemos los ciudadanos con la educación, la sanidad, la vivienda, el empleo, la seguridad… nuestros gobernantes se dediquen a abrir nuevos campos de batalla dialéctica partidaria. Y es preocupante observar con qué velocidad vuelve la cabra al monte…

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